.

En instantes serás redirigido al nuevo blog:
42

lunes, 5 de marzo de 2007

Desconectados

Necesito tu ayuda, si estás con ganas...

Anoche entré al supermercado. Al cruzar la puerta mi vista recorrió por pura inercia los rostros de las personas, tratando de identificar alguno familiar. Mis ojos resbalaron sobre un montón de desconocidos, se detuvieron fugazmente sobre un rostro en particular y siguieron en su inconsciente búsqueda. Al momento mi cerebro envió un retardado "match" sobre ese rostro, justo cuando una voz aguda e inconfundible me llamaba.
Era "I" (no vale la pena nombrarla), con sus ojos color miel, su pelo eternamente enrulado y esa gran sonrisa de siempre. Estaba más linda que nunca... y desearía no haberla visto.

Han pasado 10 o más años desde la última vez que nos vimos. En ese entonces yo andaba por los 20 y ella era una personita maravillosa de hermosos 14 o 15 años.
Con mi gente de aquel tiempo (con la Atlántida en pleno apogeo), formábamos una banda vocinglera de 15 o 18 amigos cuando ella aterrizó en nuestro grupo con sus dos hermanos.
Fue un buen tiempo. Ella y su familia venían a veranear a Colonia, y con un par de amigos íbamos a visitarlos a Montevideo cada tanto. Hasta que un buen día, PUFF! Perdimos todo contacto. Por qué? No tengo ni pálida idea.
No los extrañé, aunque los recuerdo bastante seguido. Y supongo que a la inversa sería igual.

"I" descubrió a Jaime Roos con nosotros, en uno de los tantos fogones en la playa. Le encantaba "Colombina", canción que ella rebautizó como "Colimba" casi automáticamente. Llenaba la paciencia todo el día para que alguien la cantara o la tocara en la guitarra. Es extraño cómo la memoria guarda datos tan caprichosos.

Y anoche nos encontramos. Nos saludamos con un beso y un abrazo y nos quedamos como cortados, sin saber exactamente qué decir.

—Cómo andás, Pancho? Todo bien? —Me preguntó con esa voz estridente que es su marca de fábrica.
—Sí, todo bien, y vos? Ha pasado una bocha de tiempo! Te mudaste para acá, o estás de vacaciones? —Pregunté con un entusiasmo que no venía a cuento de nada.
—No, de vacaciones. Hace como dos meses que estoy acá. Ché, todo bien?
—Sí, sí, todo lo más bien. Y tus hermanos?
—Bien, bien. "F en tal cosa y "E" ya no viene más a Colonia. La demás gente cómo anda? A la "Negra" la vi, pero de Martín y los otros no sé nada.
—Martín bien, laburando. —Contesté haciendo un esfuerzo, ya que hace meses que no veo al que fuera uno de mis amigos del alma. —Juan, en España, Pablo en Argentina y los demás desparramados por quién sabe dónde.
—Aaahhhh... bueno. Todo bien?
—Sí, "I". Todo bien...—Respondí un poco cansado.
—Bueno, me alegro de verte. Nos vemos.
—Igualmente. Chau, "I". Cuidáte nena.
Y así como nos encontramos, volvimos a salir cada uno de la vida de otro; sin una mirada atrás.

Ya desde el segundo "Todo bien?" supe que algo iba rematadamente mal. Éramos dos completos extraños.
Está bien, soy consciente de que en 10 años poco y pocas cosas en común pueden quedar. El paso del tiempo es implacable como un tiro en la cabeza. Pero el tema es que no hubo feeling ninguno. Cero onda. Nada. Ni yo le conté nada de mi vida, ni ella me contó nada de la suya. Tampoco nos interesaba. Estábamos desconectados.

Supongo que obedecimos al impulso dictado por lo que guardábamos en la memoria... pero en cuanto dimos el primer paso, fue claro que más nos hubiera valido seguir cada cual por su camino. Tendríamos que haber huido sin perder tiempo!

Esa sensación de no-pertenencia la he sentido varias veces, incluso con gente a la que en algún momento me sentí muy cercana y no dejo de preguntarme cómo es posible que eso suceda.

Vos que estás leyendo, tenés idea?

Qué es lo que convierte a dos personas afines, que incluso pueden quererse fraternalmente, en completos extraños? El mero paso del tiempo? Tan aparte pueden discurrir los caminos? Qué nos pasa, cuando crecemos?

Es una de las tantas cosas que me gustaría saber. Pero en la ermita no hay respuestas. Sólo preguntas...



No hay comentarios.:



Add to Technorati Favorites