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jueves, 26 de enero de 2006

Combate

Se miraron a la distancia, como dos púgiles que se estudian detenidamente, tratando de descubrir debilidades y fortalezas, alguna brecha en el contrario que pudieran explotar.

El combate prometía ser parejo. Ambos tenían una estatura similar. Ambos eran de complexión robusta. Y ambos estaban decididos. Una fuerza irresistible los empujaba el uno contra el otro, de manera tal que el encuentro era inevitable.

El escenario no podía ser mejor, tanto para la pelea, como para los espectadores que asistían a ella. No había obstáculos que molestaran a los contendientes, y sus blancas figuras resaltaban nítidamente contra el fondo azul celeste dándoles una visibilidad perfecta.

Uno de ellos levantó sus brazos poderosos, rematados por puños decididos.

El otro abrió la boca y pareció hacer airadas recriminaciones que fueron al instante respondidas por su rival. La distancia no permitía escuchar lo que se decían, pero era sin duda una discusión acalorada y poco agradable. Sin embargo, el intercambio verbal duró poco tiempo y se lanzaron uno sobre el otro, como en cámara lenta pero de forma inexorable.

La distancia se acortaba rápidamente; uno retrocediendo lentamente, el otro avanzando sin pausa. Ambos tenían la guardia levantada y no se percibía la más mínima duda en sus movimientos, tan fluidos y constantes que parecían producto de una cuidadosa coreografía.

Se econtraron en el medio del ring, y sus gigantescas figuras se fundieron en un abrazo feroz y despiadado. Era difícil distinguirlos. Y se hizo más difícil todavía, cuando comenzaron a desintegrarse en blancos jirones de algodón, tan en silencio como había comenzado.

El encuentro fue decepcionantemente breve... al fin y al cabo, poco puede esperarse de un par de nubes de forma caprichosa, que por azar se encuentran bajo un cielo de verano.

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