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jueves, 13 de setiembre de 2007

León Tolstói: El Sitio de Sebastopol.

Sebastopol, ciudad ucraniana a orillas del mar Negro, ha tenido una historia tormentosa.
Uno de esos episodios es retratado en este libro, cuya acción transcurre durante el
sitio de casi un año a que fue sometida la ciudad por las tropas anglo francesas durante la Guerra de Crimea (en la que tomó parte el autor como soldado de artillería) en 1854.
De alguna manera se entrevé el aire zarista predominante de la época y el orgullo propio de quien tomó parte activa en la defensa de su patria, conjugado con descripciones de personajes y situaciones tratadas con una sensibilidad y una delicadeza sutil (tanto en una como en otra acepción).

En mi limitada experiencia, encuentro que no es fácil hincarle el diente a la literatura rusa. Prueba de ello es no haber encontrado medio humano para pasar más allá de la página 40 de "La Guerra y La Paz"; y ni hablar de "Los Hermanos Karamazov" de Dostoyevski. Así que busqué algo un poco más "tierno", que se no me atragantara (como comer papilla, antes de ser capaz de manducarse un asado con cuero)... y resultó ser un bocado delicioso.

Dejo el libro en el almacén para descarga directa, y a continuación transcribo algunos fragmentos:


...
Apenas hayáis abierto la puerta, cuando el olor que exhalan cuarenta o cincuenta
amputados os asfixiara. No cedáis al sentimiento que os detiene en el umbral de la sala; es un sentimiento vergonzoso; avanzad resueltamente, no os. ruboricéis por haber venido a ver a aquellos mártires; aproximaos a ellos y habladles; los infelices
ansían ver un rostro compasivo, referir sus sufrimientos y escuchar palabras de caridad y de simpatía.
...
¿Y ahora? Acabáis de ver a los defensores de Sebastopol en el lugar mismo de la defensa, y volvéis por vuestros mismos pasos, sin prestar, cosa extraña la menor atención a los proyectiles de cañón y de fusil que continúan cruzando, durante todo el camino hasta que llegáis a las ruinas del teatro. Marcháis con tranquilidad, con el espíritu conmovido y confortado, pues poseéis ya la consoladora, certeza, de que nunca, en ningún lugar será quebrantada la fuerza del pueblo ruso. Y esa seguridad la habéis sacado, no de la solidez de los parapetos y de las trincheras ingeniosamente combinadas, ni de las innumerables minas y cañones apilados unos sobre otros, y de todo aquello de que no comprendéis nada,sino de los ojos y las palabras y la actitud, de todo eso que se llama el espíritu de los defensores de Sebastopol.
...
El amor propio de millares de seres, hase visto humillado en los unos, satisfecho en los otros, o apaciguado por el abrazo de la muerte. ¡Cuántos ataúdes color de rosa bajo envolturas de lienzo! Y siempre el mismo tronar en las murallas.
...
La pólvora y la sangre no consiguen resolver una cuestión que los diplomáticos no supieron zanjar.
...
- Venimos de allí precisamente. ¡Qué cosa más horrible, hermano!
-¿Qué pasa, señores?
-¿No oyes cómo tira ahora? No hay abrigo en ninguna parte.
-¡Cuántos han muerto de los nuestros!.... Es espantoso -añadió su interlocutor, haciendo un ademán significativo y encasquetándose bien la gorra.
...
...Y si siquiera se obtuvieran algunas ventajas; pero, ¿es agradable, pregunto yo, quedar inútil a su edad para toda la vida?
-Unos tratan de hacer su negocio, otros viven por el honor -replicó con aspereza Kozeltzoff mayor.
-¡Qué vale el honor cuando uno no tiene qué llevarse a la boca! -repuso el negociante
...
En toda la línea de los baluartes de Sebastopol, donde durante meses enteros alentó la vida ardiente y enérgica, donde durante meses sólo la muerte relevaba a los héroes que agonizando unos tras otros inspiraban el terror, el odio y hasta la admiración
del enemigo; sobre aquellos baluartes, repito, no se veía ya un alma...
...

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