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jueves, 14 de junio de 2007

Una pequeña recompensa

Ayer y hoy han sido días prolíficos para el blog. No sé si la calidad estará acorde con la cantidad, pero es lo que ha salido.

El motivo es simple: al fin tengo mi PC en línea full time. Han pasado años, desde la última vez que se vio algo similar, y siempre, por una razón u otra, he andado a los saltos.

Vos, sufrid@ visitante de esta ermita no tenés la culpa por la avalancha de posts de este último par de días, y si has llegado hasta este punto, quiero brindarte, a modo de humildísima recompensa, un compendio de sabiduría universal. Algo invaluable que puede ser aplicado a la vida diaria. Un tratado sobre prudencia, humildad, y una cura contra la vanidad. Lo que no puede faltar en el bolsillo de la dama ni en la cartera del caballero.

Me ha costado un trabajo chino (nunca entendí esa expresión de la que sólo sé que se utiliza para hacer notar que algo ha sido muchísimamente mucho), pero a lo largo de los años he podido compilar este pequeño volumen. En gran parte lo encontré compaginado (en un formato extraño que ya ni recuerdo), y luego he ido haciendo algunos añadidos que no estaban presentes, para luego convertirlo en un documento que pueda ser leído en cualquier plataforma.

No, no es el Necronomicón. Es algo muchísimo más profundo.
No, tampoco es una Escritura. Es algo muchísimo más real.
No, tampoco es un libro de autoayuda y superación personal. Es algo muchísimo más últil.

Son las Leyes de Murphy.


En un primer momento pensé en irlas publicando por bloques, pero hubiera sido algo extremadamente mezquino e injusto. Así que te dejo la recopilación más completa que he podido ver. Espero que lo disfrutes y puedas apreciar este regalo en su justa medida. Sirva esto como mi modesto homenaje para vos, que te has chupado tus buenos garrones entre estas paredes.

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