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miércoles, 7 de marzo de 2007

Negación estricta

Imagináte un escena parecida a esta:

— ¿Papá, puedo salir a bailar esta noche?— Pregunta una adolescente, un mediodía de un sábado cualquiera, durante el almuerzo.

El padre deja de comer unos instantes y dice — No, no podés— Baja la cabeza y sigue comiendo.

La botija sorprendida pregunta — ¿Por qué?

— Porque no...

— ¿Pero por qué no puedo salir papá? Supongo que hay una razón...

El padre deja los cubiertos, y contesta bruscamente — ¡Porque no te dije, y basta! ¡Dejame comer en paz!

¿Esta escena, te resulta conocida de algún lado? Yo la he presenciado varias veces. Inclusive he sido protagonista en alguna. Tal vez haya sido por temas diferentes, pero la reacción ha sido la misma. Esa negación terminante, seca como un disparo, es como si dieran una cachetada.

¿Te has puesto a analizar, alguna vez, la facilidad y la frecuencia con que utilizamos el adverbio de negación? ¡Es alarmante! Y lo que es peor, es que muchas veces la aplicamos con negligencia.

¿Por qué será que tanta gente prefiere ponerse "violenta" y encerrarse en una negativa categórica, en lugar de brindar una explicación razonable, o considerar otras posibilidades? ¿Es acaso tan difícil, explicarle al que tenés enfrente tus razones?

¿Puedo...? NO, no podés.

¿Querés que...? NO, no quiero.

¿Vamos a...? NO, no vamos nada.

Me parece que tengo razón. NO, no tenés ni una pizca de razón.

¿Qué te parece si...? NO.

¿Te gustaría...? NO, no me gustaría.

Lo usamos para todo y con todos. Siempre, en mayor o menor medida, nos topamos con el maldito adverbio, como si fuera una pared.

¿Es acaso un símbolo de dominación? Fíjense en esto si es que dudan:

• Los primeros vida están dados por nuestros padres. Sos un niño. Ni siquiera una persona. Ello implica que sos incapaz de razonar nada y que brindarte cualquier tipo de explicación es un desperdicio de saliva.

• Después viene la escuela, junto con las maestras que lo usan a troche y moche. A su vez, esas negativas siguen en todos los demás niveles de la educación... con un poco de suerte, y si el docente es decente, te explicará por qué... aunque ese adverbio suele ir seguido de un verbo calificado con el adjetivo “disparate”.

• Si vas a la iglesia estoy seguro que los encontrarás hasta decir basta. Y sin contar los Mandamientos, a los que considero la más necia de las negaciones. O sea: se supone que Dios te ama y te comprende. Esa actitud se me ocurre completamente innecesaria y prepotente. ¿Por qué tendría Dios que imponerte nada? Al fin y al cabo, hablando se entiende la gente.

• Cuando conseguís trabajo. Y si tenés la desgracia de tener un jefe abusador, te seguís topando con negativas de todos tipos y colores.

• Cuando te casás aparecen los de tu eventual cónyuge (esto puede ser tomado como un chiste, verdad?)

• Al final, ya cuando estás "en la recta final" de tu vida, aparecen tus hijos y nietos, que piensan que sos inútil total, y que hay que hablarte (y tratarte) como si fueras un gurí chico. "No comas tanto". "No hagas esto!" "No! Tampoco hagas lo otro!" "No sabés lo que estás diciendo, choto!"

Ahora yo me pregunto: ¿Más que afán de dominación, será posible que sea DEBILIDAD de argumentos?

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