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miércoles, 14 de marzo de 2007

Eutanasia: volvemos a las andadas.

Ayer no hubo entradas en la ermita debido al fatídico martes 13. El evento que motivó este texto tuvo lugar en Francia de acuerdo a un artículo con fecha de ayer.

Un médico y una nurse le dieron una sobredosis de cloruro de potasio a una mujer de 65 años que padecía cáncer de páncreas y había desarrollado complicaciones intestinales.

Francamente, no sé qué más complicado puede haber. He visto a un buen amigo con ese tipo de cáncer y es una sentencia de muerte firmada y sellada. Rápida e inapelable.
Vi con mis propios ojos cómo un tipo joven (unos 40 años), fuerte, robusto y de unos 100 kg de peso, pasaba en 3 (TRES!) meses, a ser un esqueleto andante... no andante, ya que estaba en silla de ruedas. Al final, ni siquiera levantaba la mirada. Murió de manera indigna y presa de atroces sufrimientos.

Los investigadores de este caso arguyen que no se consultó a la familia antes de tomar la decisión... pero sin embargo la "víctima" había manifestado en repetidas ocasiones su deseo de acabar con su vida.
Personalmente, mi parecer es que LA FAMILIA NO TIENE UNA MIERDA QUE DECIR. No son ellos a los que un cáncer se los come de adentro hacia afuera.

Las familias en general se otorgan los derechos para tomar decisiones de vida y muerte sobre quien pueda estar enfermo. Eso es amor, calculo. Uno quiere que la persona querida que está tendida en una cama de hospital se mejore, que vuelva con nosotros, que todo vuelva a ser como antes, al menos dentro de lo posible. Y está perfecto. Cuidamos de los nuestros.
Pero qué pasa en las situaciones límites? Cuando ya es más que evidente que no hay vuelta atrás. Cuando es claro que la persona conectada a los cables y tubos, que vive en base a dosis iguales de comida y calmantes no va a volver a casa. No se va a mejorar. Nada va a volver a ser como antes. Por ejemplo, cuando alguien tiene un cáncer de páncreas TERMINAL (una redundancia en este tipo de tumores, según mi poco autorizado punto de vista).
Qué derecho tiene la familia, cualquier persona, a decidir cuánto dolor es suficiente? Es REALMENTE necesario que una persona se tome sorbito a sorbo toda la amarga copa que supone la agonía?
Si es la vida de uno la que está en juego, entonces nadie más que UNO tiene en sus manos el derecho a decidir.

Al médico y a la nurse que siguieron ese camino (y que se hicieron cargo de su responsabilidad) habría que darles un premio, y la familia de Paulette Druais debería darles las gracias por ahorrarle sufrimiento innecesario a su familiar.

2 comentarios:

Alma dijo...

Tema dificil...yo estoy a favor de la eutanasia en los casos en que el paciente este en un estado irreversible, y sufriendo, quizá es porque le tengo pánico a la agonía y no a la muerte. Cuando la muerte es un alivio para el enfermo, creo que se debe recurrir a la eutanasia.
Es un tema que siempre genera debates polemicos.

Naazgul dijo...

Nunca es fácil este tema. A mí lo que más me infla, es la imposición. Esa cosa necia de disponer que los agonizantes, o los enfermos terminales, se la tengan que fumar toda.



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