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domingo, 5 de noviembre de 2000

Deuda


“Te lo advertí, niño. Te dije que el juego no es para todos, y despreciaste mis palabras... Cuando tenías una mano ganadora, imbatible, abandonaste la partida, dejando todo lo ganado... y eso no estuvo bien. Cuando se está en una buena racha, hay que meterse a fondo, y sólo se abandona la partida cuando la dama Suerte empieza a volverte la espalda...

Y tú, oh tú, maldito tonto, hiciste todo lo contrario, como si se pudiera burlar a esa señora impunemente, como si pudieras burlarme a mí, impunemente... y ese fue tu gran error.

Pero no contento con esa estupidez soberana, poco tiempo después comenzaste de nuevo a jugar una nueva partida... era un juego arriesgado, a una sola carta. De ganar, los dividendos iban a ser fabulosos... y con esas perspectivas, te metiste en cuerpo y vida, sin pensar en que también era peligroso, suicida, jugarse a una mano de una carta, sin tomar recaudos, a puro instinto... sin siquiera preguntarte o fijarte, si la suerte te estaba haciendo un guiño amistoso, o si en su mirada campeaba la furia...

Estúpido.

Apostaste fuerte, como hacía tiempo que no apostabas... apostaste todo... y ella te dejó. Quedaste con las manos vacías, y el alma deshecha.

Tu carta era buena, pero no lo suficiente. La situación es clara: perdiste.

Ahora... ahora es tiempo de pagar...”

Quien así me habla, es una voz en mi interior. Una voz que conozco muy bien. Tan bien conozco su tono, que sé que no presagia nada bueno... pero lo acepto. Por una vez esa voz, mi propia voz, tiene razones sobradas para estar molesta... más que molesta, furiosa y con ansias de venganza. Con un justo e irrefrenable deseo de castigar ese error colosal... y lo acepto.

La voz continúa. Esta vez, dicta sentencia...

“Te consumo....

La Alquimia funciona en ambos sentidos...

Te consumo en un fuego de azufre que yo mismo creé

Soy Nazgûl... y soy Fénix

Otro ciclo se ha cumplido, mal que nos pese, y este Fénix se está haciendo cenizas, y con él, a tí mismo...

Soy como un ardiente sol... un devastador sol de venganza que destruye todo lo que tocas, con un furor ciego y constante. Como una marea de fuego que todo lo arrasa, todo lo socava, todo convierte en un páramo...

Mientras dormías, mi aliento transformado en una suave brisa, impulsó la nave de tus sueños, con sus velas a tope, llenas de ilusiones... El aullido sibilante de un huracán te despertará, inmerso en un mar de pesadilla, y hará astillas de tu barco, cual frágil cáscara de nuez...

Cuando te fragmentes en mil partes, y no sepas cómo mantener juntos los pedazos...

Cuando necesites desesperadamente un remanso de paz que te devuelva una pizca de cordura...

Cuando sientas que tu vida pende de la fragilidad del amor, como pende la vacilante llama de una vela de los caprichos del viento, mi voz resonará, bestial como el grito de una Banshee enloquecida, y desintegrará todo lo que te quede hasta reducirlo a mero polvo...

Cuando te aferres a la mínima tibieza de un recuerdo amable, mi aliento brotará como un gélido soplo, y no te dejará nada...

Conmigo volaste y llegaste a las alturas borracho de dicha...

Conmigo te hundirás en el más negro y denso de los abismos...

Allí donde habite tu lado más oscuro, ahí estaré y estaré esperando por ti...

Allí donde tu pensamiento flaquee, terminaré de quebrarlo y solo te quedará la locura...

Allí donde asome una esperanza, la cubriré con mi sombra y se marchitará en desesperación...

Allí donde encuentres el miedo, estará mi trono y desde ahí te dominaré...

Soy Nazgûl, amo de las mentiras y el dolor.

Allí donde vayas, te encontraré...y conocerás el infierno, tal cual yo lo he concebido...”

Tengo una deuda. Me desgarra y estoy ardiendo, pero la estoy pagando... sólo cuando el último centavo sea cancelado, volveremos a estar a mano... y sólo entonces, tal vez, vuelva a intentar embarcarme en otra partida...

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