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lunes, 13 de agosto de 2007

La muerte es sólo un comienzo más

Tal vez ni siquiera eso. A pesar de que se ha dicho que no existe un final que no sea el principio de otra cosa, tal vez la muerte no sea un final, ni un principio, si no una continuación. Un paso más en el vagabundeo de las almas.

En la cultura hindú se cree que las almas pasan por diversas existencias (que pueden ser buenas o malas dependiendo del karma) en busca de la superación, hasta ser dignas de fundirse con el alma universal. Mientras tanto, están atadas a la rueda del Samsara, el ciclo de la vida y la muerte.

Dentro de este contexto, el Ganges siempre generó una especie de fascinación en mí. La Madre Ganga de la India, a cuyas orillas se ha desarrollado una cultura tan incomprensible para mí (moderadamente materialista, egoísta, agnóstico y más devoto de un buen asado que de cualquier santo), como hermosa es en su concepción.

Las orillas del Ganges son santas, y se dice que tan sólo con mirar sus aguas se borran los pecados. Es el Gran Purificador, por definirlo de alguna manera. En él lavan la ropa, rezan, meditan, se lavan el cuerpo los vivos, que también se lavan allí los dientes. Se presentan ofrendas y se hacen sacrificios. Toda actividad que lo involucre está enmarcada por oraciones y ritos específicos con propósitos definidos.

Es posible hacer un libro (o varios, o varios blogs) basado en este río, a cuyas orillas se conjugan misticismo, religión, historia, economía, guerras, pueblos, ciudades. Todo ello mezclado con relatos sobre la contaminación, especies que allí habitan o habitaron y los correspondientes datos geográficos y demográficos. Pero en esta oportunidad me quiero detener en uno de los principales ritos que se llevan a cabo en las orillas del río santo: la purificación y posterior liberación del alma de los cuerpos.

El relato y la inspiración provienen mayormente de la experiencia de mi hermana, la viajera Warrior Sister, y he tratado de rellenar los huecos que puedan haber de la mejor manera posible. Y esto último ha sido bastante difícil. No tengo bibliografía de verdad, y lo que pude encontrar por Internet es complicado de digerir y sobre todo, de asimilar: datos confusos, dispares, interpretaciones propias y contradicciones de la vasta mitología y la religión hindú. Incluso hay gruesas diferencias en los nombres, relaciones y simbolismo entre los Dioses; por no hablar de los ritos propiamente dichos. Pero acá va...

La escena transcurre en Varanasi, ciudad sagrada, ciudad eterna.
Lo primero es llegar al lugar, el ghat. Los ghats son las escalinatas que llegan hasta el Ganges y tienen funciones específicas. Así pues, hay que encontrar los ghats crematorios. Se llega a ellos por callejuelas angostas con callejones oscuros. En la penumbra se mezclan quienes viven en la calle tirados en el piso, con los puestos de artesanías, niños por doquier, motos a toda velocidad y las infaltables y sagradas vacas.

Un espectador circunstancial explica el ritual a los asombrados viajeros provenientes de un lugar del mundo en el que todo es tan diametralmente opuesto.

Cuando una persona muere, se la envuelve en telas del color del luto. Blanco para los hombres, rosado para las mujeres. El cuerpo es llevado en parihuelas por cuatro personas masculinas de su famila, desde su casa hasta el ghat, a orillas del Ganges. Una vez allí lo bañan en sus aguas para su última purificación. He leído que el bañar el cuerpo en las aguas sagradas libera a las almas del ciclo de reencarnaciones para que puedan llegar directamente al Nirvana, pero los relatos se contradicen continuamente. En todo caso, este baño es sagrado; es la última purificación.

A orillas del río se levanta la pira funeraria (que puede insumir hasta 3500 kg de leña), formada por troncos de una madera muy característica, ya que la lluvia no la apaga, y tampoco larga olores. Se dice que antiguamente la madera era siempre de sándalo, pero que debido a su altísimo precio, ahora sólo las clases más pudientes pueden permitírselo; el resto se limita a colocar algún trozo de esta madera en la pila.

Desde el agua, el cuerpo es transportado hasta la pira por los llamados asistentes de la cremación, pertenecientes a la casta más baja, o mejor dicho, los descastados: los intocables.

Es raro que en el proceso de la cremación se consuma todo el cuerpo; según otra fuente, sólo cuando las cenizas que quedan se tiran al río es que se evita el ciclo de las reencarnaciones. Esta tarea es realizada por uno de los familiares.

La religión hindú no prohíbe el entierro, pero la cremación es vista como la manera de marcar la separación del cuerpo con el espíritu, el cual parte para volver a habitar otro cuerpo.

Me llama la atención la manera la intención con la que se lleva a cabo la cremación. Se creman los cuerpos con dos objetivos: para marcar la separación de alma y espíritu en sí, y también para marcar el cambio en la relación de los deudos con el difunto: al no haber más cuerpo, la relación es puramente espiritual.

Es habitual que las mujeres no asistan a la ceremonia, ya que se las considera demasiado emocionales y no dejarían que el alma se purifique y se vaya en paz.

Si quien muere es el padre de familia, el luto es realizado por el hijo mayor; si es la madre, corresponde el luto al hijo menor; si es el esposo quien muere, el luto es llevado a cabo por la esposa y viceversa.

El luto se lleva a cabo una vez finalizado el ritual funerario, y se utiliza a modo de purificación. Se realiza mediante el aislamiento social, y se observa una actitud de recogimiento, así como también una dieta estricta a base de vegetales cocinados de una forma tradicional. Finalizado el período de luto de unos 10 días, retornan al río en donde se bañan y se sacan la ropa blanca. Los hombres se afeitan y se rapan, mientras que las mujeres se cortan las uñas. Luego se realiza un banquete para simbolizar la continuación de la vida.

Hoy en día se ve muy raramente, pero antiguamente las esposas solían inmolarse junto a sus maridos, práctica que era señal de una esposa amorosa y virtuosa. Esta costumbre fue prohibida por los ingleses en el siglo pasado. De todos modos, las viudas quedan en una posición social delicada, ya que generalmente no les está permitido volver a casarse.

Las hogueras se levantan cerca del lugar donde arde un fuego imperecedero. Su origen me ha planteado serias dudas, ya que no he podido encontrar un relato consistente.
Se le llama Fuego de Shiva, el Dios Destructor. Esto no significa que sea malo, si no que se cree que para crear, se debe haber destruido antes... o morir para tener algo mejor.

El lugar donde arde el Fuego de Shiva es sagrado, y acá vienen las contradicciones.
Por un lado se dice que es sagrado debido a que Párvati, la esposa de Shiva, fue cremada en ese fuego al morir.
Otro relato se relaciona con Sati, la primera esposa de este dios, que se suicidó en el fuego al no poder resistir la separación. De este evento derivaría la costumbre de que las esposas se inmolaran junto a sus maridos muertos.

Utilicé varias fuentes a lo largo de varios días en la manufactura de este artículo, pero no tomé la precaución de anotarlas debidamente, por lo que pido disculpas.
Si notás inconsistencias o errores de cualquier tipo, te quedaré muy agradecido si me lo hacés saber.
La fotografía fue tomada por mi hermana. Lamentablemente no estaba permitido tomar fotografías de la ceremonia en sí, por lo que el material gráfico es bastante limitado.

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