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jueves, 3 de mayo de 2007

Mor

Una fisura. El maldito Sello tiene una fisura. Muerte y condenación! Cómo? Cómo hacer lo que tengo que hacer cuando estoy sumido en la ignorancia? Cómo saber qué es lo correcto? Cuánto se perderá? Cuánto se ganará? Se ganará? Cómo hacer lo correcto cuando no se ve luz en ningún lado? Cuando la Opresiva Oscuridad me envuelve con un abrazo férreo y ni siquiera puedo morder las cadenas? Me oprimen el cuello, el pecho, el vientre, se entrelazan en mis miembros y los paralizan. De qué material tan cruel están hechas! Locura y desesperación y desasosiego y angustia y la tristeza sin fin, más honda que los abismos! Invencibles cadenas. Y cómo llegaron? No se veían por ningún lado, parecían lejanas y nada hacía sospechar que estaban a mis pies, reptando, malévolas, frías, viles. Hoy, todo estaba fluyendo. Había paz. Hoy, el Universo entero estaba en orden. Pero entonces, qué sucedió? Un Hálito nauseabundo se arrastró, veladamente primero, y luego como una oleada repulsiva, Inexorable, que lo cubrió todo, nublándome la vista y el entendimiento. Liquidando la esperanza. Matando los deseos uno tras otro, hasta dejar sólo uno: dormir por siempre sin memoria. Ahogándome el alma en un mar inmundo... La Infame Trinidad se enseñorea. El Día es Suyo. Los Sueños han vuelto. Y las Lágrimas amargas y contenidas han vuelto. Y el Ahogo ha vuelto. Oh, Dios! De quién será el turno esta vez? Cuándo?
En algún lado, alguien se está riendo a carcajadas... el Maldito...Maldito! No quiero saberlo! No quiero presenciarlo! Aléjate! Ya basta, por favor, basta, basta



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