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lunes, 28 de mayo de 2007

El padre de los pecados

Mis ideas a veces me parecen muy raras. Como si en realidad no me pertenecieran, y llegaran a mi cabeza sugeridas por algún ente extraño, incorpóreo, y con alarmante frecuencia, poseedor de un sentido del humor retorcido.

Hace bastante tiempo, dedicándole una cuota de pensamiento a los pecados, discurría en soledad cuál, o cuáles, eran los peores pecados que un individuo puede cometer. Como no podía ser de otra manera, terminé recurriendo a la Lista por excelencia, es decir, los Siete Pecados Capitales. Y como colmo de la originalidad, terminé decantándome por el primero o más grave de ellos: el Orgullo, en especial, o específicamente, por la Vanidad. También veo reflejado este concepto en el personaje de Al Pacino en la excelente película "El abogado del Diablo".

Para que conste en las actas, debo decir que no soy religioso, ni mucho menos. Sí, creo en Dios, más que nada como "Principio Creador", que podría llevar por nombre Alá, Vishnú, Viracocha o como quiera llamarse. Pero las Escrituras en general, y la religión Católica en particular (a la que pertenezco por Bautismo -aspecto sobre el que nadie me pidió opinión en su momento-) me la traen más que extremadamente floja. Por principio, siento bastante rechazo por el clero, salvo rarísimos ejemplos.

Visto lo anterior, tal vez no sea adecuado hablar de los "pecados" de las personas, sino, tal vez, de "vicios", "errores", "crímenes"... o ponele el equivalente que prefieras.

A la Vanidad, ese disfraz del Orgullo, la veo como a la fuente primaria por antonomasia de todo el resto. La coidicia, la mentira, la arrogancia y a todo el resto de la lista, tienen su origen en ella. La Vanidad impulsa a la gente a cometer muchos sinsentidos, muchas estupideces, muchas atrocidades. Vuelve a las personas vacías y sólo pendientes (y dependientes) de la cáscara. Y por seguir pretendiendo, por seguir manteniendo la charada, son capaces de llegar a extremos insondables y muchas veces incomprensibles (al menos para mí).

A qué viene todo esto? Al simple hecho de que finalmente tuve la oportunidad de leer "El Retrato de Dorian Gray", de Oscar Wilde (el cual queda en el almacén). Y a raíz de ello, he vuelto a hacerme distintos planteos con relación a la Vanidad, tema sobre el que se asienta la historia del libro. Quedé maravillado por un lado y horroizado en la misma medida por el otro.

Y vos, por qué camino vas? Contenedor o contenido?

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