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jueves, 29 de marzo de 2007

Hay seres que llegan al SOL


La aldea vuelve instrospectivos a los seres sensibles, a todos aquellos que atienden a que no se nos pase la inocencia, a los que la lluvia o las puestas de Sol, entre otras cosas, nos siguen pareciendo regalo del cielo y hasta sentimos que Dios se acordó de nosotros en ese momento.
Cuan importantes son los detalles, detalles que definen, las vocesitas que tiene la ciudad nos cuentan su historia, de guerras, de enfrentamientos y reconciliaciones, maldiciones y santificaciones, de amores y desencuentros, magia y espiritualidad, conocimientos e ignorancias; Nos ayuda, nos obliga a mirarnos frente a frente con nosotros mismos. Y la aldea termina siendo como aquella novia linda, de toda la vida, pero a la que ya no querés, si no como amiga y no te atrevés a decirlo, a separarnos a abandonarlas (a Abandonarnos). Calor, melancolía, humedad de río ancho como mar, soledades... Pese a su apariencia de Paz y tranquilidad... Atención, en la aldea, hasta salir a caminar bajo la lluvia en una noche cualquiera, nos puede dejar el alma resfriada, limpia y santificada .

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