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jueves, 7 de marzo de 2002

Dos hombres con poder

A pesar del título, esta es la historia de un hombre.

Nació en una pequeña ciudad de un pequeño país, en el seno de una familia de clase media. Tuvo una infancia tranquila y normal: nunca le faltó nada material, no sufrió abusos que puedan considerarse serios, sólo algún golpe o reto "en aras de su educación y disciplina", y hasta es posible que su familia realmente lo quisiera.

Estudió cuando debía, y trabajó cuando fue necesario, sin destacarse en nada en especial, ni ser una maravilla.

Tuvo amigos, no muchos, pero si muy escogidos, que lo acompañaron en muchas partes de su vida, tanto en las buenas como en las malas. También tuvo alguna novia a la que quiso, aunque sin llegar a nada en especial.

Hasta aquí todo es muy normal. Su existencia parece normal. Tan normal que hasta parece gris y monótona. En cierto sentido fue así... ¿qué es lo que lo hace especial entonces? La explicación es más compleja de lo que parece...

Sucede que esta persona, cuando todavía era un niño conoció a alguien muy especial. Alguien que lo acompañaría por siempre a donde quiera que fuera en este mundo. Alguien terriblemente celosa, que se llevó a algunas de las personas a las que él más quiso. Esto tampoco señala nada especial, ya que todos hemos perdido a alguien a quien queríamos. Lo que sí puede llamar la atención es el hecho de que nunca pudo deshacerse de la pena y la tristeza. Cada desaparición dejó huellas y heridas que nunca cerraron. Y aquellas que parecieron cerrar, estaban dolorosamente infectadas, cosa que, cualquiera lo sabe, no es buena. El asunto es que acumuló tanto dolor, que al final la existencia se le hizo insoportable y aunque por fuera todo pareció seguir igual que siempre, su interior se transformó en un campo de batalla lleno de muertos. Nuevamente aquí, no hay nada en especial con este tipo. Solo un tío al que, como a tantos, le fallaba un poco la cabeza...

¿Y cuál es su poder entonces? Todo surgió por casualidad. Estaba observando un atardecer mientras viajaba por una ruta, y en un momento dado mientras observaba al sol dirigiéndose a su cuna, comparó el rojo disco con la entrada a otro mundo... y fue tanto lo que deseó que eso fuera realidad, que logró que su alma atravesara esa puerta. Y en el momento mismo de cruzar al otro lado, se encontró con un mundo casi totalmente idéntico al que acababa de abandonar. Salvo por algunos detalles: el dolor, la soledad y las traiciones no existían...

Se encontró caminando a la orilla de un riacho, en el que el canto de sus aguas se mezclaba con el susurro de los árboles, y por primera vez en muchos años, pudo sentirse en paz con sigo mismo y con lo que lo rodeaba. Y deseó poder volar, para ver así qué otras maravillas le ofrecía ese lugar, y al siguiente pestañeo, se encontró flotando, sin esfuerzo ni miedo, y supo, que en ese lugar, su pensamiento era poderoso...

Deambuló por ese mundo perfecto, lo recorrió a fondo, sin terminar de comprender cómo podía existir un lugar así, y para su sorpresa, se encontró con gente a la que creía perdida para siempre. Todos lo rodearon riendo, y en ese momento, sucedió algo que hacía incontables años que no sucedía: se sintió feliz.

Por fin, alguien le habló. Era una pequeña niña, con cabellos de oro, y el sol brillando en sus ojos. Una niña, de una dulzura imposible de encontrar en el mundo, que había poblado sus sueños, y traído paz a su atribulada alma.

— Amigo. Hermano... ¡Al fin nos has encontrado! ¿Por qué has demorado tanto?

A lo que el hombre respondió, maravillado y feliz.

— ¡Mi ángel! Pensé que nunca volvería a verte. ¿Pero por qué hablas como si hubiera estado en una búsqueda?

— Tu vida entera ha sido una búsqueda. ¿Aún no te has dado cuenta? ¿Cuántas veces has pensado en vender tu alma al innombrable, con tal de estar con nosotros aunque solo fuera una vez más? ¿No recuerdas, que estabas dispuesto a sacrificarlo todo, para poder hablar con nosotros? ¿Has olvidado ya tu dolor pasado?

Una nube fugaz ensombreció su mirada al contestar.

— Sí, lo recuerdo. Y sin embargo, ya no lo siento.

— Es muy sencillo, la tristeza y la muerte no tiene lugar aquí. Fueron expulsadas en cuanto cruzaron el umbral por vez primera. Dime una cosa. ¿Vas a quedarte? Tenemos mucho de que hablar...

— Me encantaría poder hacerlo. ¿Pero de verdad es posible quedarse aquí? ¿Y si me quedara, que pasaría con aquellos a los que deje atrás?

La niña lo miró y con una sonrisa le contestó — No te preocupes por ellos. A la larga, o a la corta, los encontrarás a todos aquí de nuevo. Así que... ¿Qué me contestas?

El hombre lo miró pensativo y dijo — Déjame pensarlo un tiempo, y sabrás mi respuesta. Ahora debo irme...

Y diciendo esto, volvió a su "realidad" cotidiana y meditó en todo lo que había visto y vivido. Sin llegar a convencerse de si había sido un sueño o no. Extrañado, observó que el disco incandescente del sol aún estaba ahí, que el día no había terminado todavía. Y en ese instante se dio cuenta de que en ese mundo recién descubierto, tampoco existía el tiempo.

Desde ese momento, comenzó a observar el mundo que lo rodeaba y lo que contenía con nuevos ojos, como si buscara razones para permanecer en él. Caminó por sus calles y descubrió que mucha de la demás gente también vivía en su propio mundo, pero con una diferencia: en esos mundos, la mayoría de ellos eran los únicos habitantes... Descubrió también, o mejor dicho se convenció al fin, de que el hombre es lobo del hombre. Solo preocupado por él mismo, y sus vanos intereses, sin preocuparse de a quién pisa para conseguir aquello que ambiciona. Miró a la tierra que moría, con su sangre envenenada, y sus pulmones arrancados. Vio que esa misma tierra lloraba, y sintió sus lágrimas. Miró a su alrededor, y no sólo vio, sino que también comprendió, que su lugar no estaba en este mundo gris, lleno de indiferencia. Su lugar estaba al otro lado del túnel. Donde no existe el dolor, y la palabra violencia ha sido suprimida de los diccionarios.

Por fin, un día, decidido al fin, llamó a todos sus amigos, y se despidió de todos ellos, diciendo que pronto se verían de nuevo, y que estarían juntos por siempre. Y así, para la sorpresa de todos, miró hacia el sol del atardecer... y se derrumbó.

Los médicos dicen que sufrió un pequeño aneurisma que ocasionó muerte cerebral, que, como les gusta definirlo a ellos lo dejó en estado vegetal... Bien, eso no es cierto. Hablamos mucho, antes del famoso "ataque", y me contó toda la historia... Yo sé que está en ese mundo perfecto, esperando por nosotros, sus amigos.

¿Te preguntas cómo puedo saber que todo esto es real, que no es una locura ideada por una mente enferma? Es muy simple: a mi también me gusta mirar el atardecer...

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