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miércoles, 26 de setiembre de 2007

Robert Heinlein /01

Por cuatro veces ganador del codiciado Premio Hugo, Robert Heinlein es considerado uno de los tres grandes de la ciencia ficción (junto al siempre idolatrado Asimov y al gigante Arthur C. Clarke). Buscó siempre que sus escritos no estuvieran en contradicción con la ciencia (o los principios científicos), y que fueran verosímiles, dando detalles, fundamentos. No hay ciencia-cazada-de-los-pelos (dentro del contexto de la CF, claro está).

Hoy te dejo una de sus historias cortas, para que sirva, si es que no lo conocés, como una pequeña y humilde presentación... en realidad no sé cuál de sus libros subir primero.

Este es para Marcelo y su Demencia.

COLÓN FUE UN CRETINO
Columbus Was a Dope



—Me gusta tomar un trago cuando hago un trato —dijo el gordo alegremente alzando la voz por encima del silbido del acondicionador de aire—. Beba, profesor, yo ya llevo dos más que usted.
Alzó la vista de la mesa mientras la puerta del ascensor del otro lado se abría. Un hombre salió y penetró en la fresca penumbra del bar; parpadeó un momento corno si viniera del cegador desierto exterior.
—Eh, Fred, Fred Nolan —gritó el gordo—. ¡Ven aquí! —Se volvió a su invitado—. Un tipo que me encontré en el avión cuando venía de Nueva York. Siéntate, Fred. Saluda al profesor Appleby, ingeniero jefe de la nave espacial Pegasus... cuando se construya. Acabo de venderle al profesor una partida de acero para su carraca. Celébralo con nosotros.
—Encantado, Mr. Barnes —dijo Nolan—. Ya conozco al doctor Appleby. A propósito de... la Compañía de Instrumentos de Clímax.
—La Clímax nos suministra equipos de precisión —explicó Appleby.
Barnes pareció sorprendido, luego sonrió.
—Eso me coge de sorpresa. Al principio tomé a Fred por un tipo del gobierno o uno de sus científicos novatos. ¿Qué va a ser, Fred? ¿Un old fashion? ¿Lo mismo, profesor?
—De acuerdo. Pero, por favor, no me llame «profesor». No lo soy y me hace más viejo. Todavía soy joven.
—Le llamaré, este... Doc. ¡Pete! ¡Dos old fashion y otro Manhattan doble! ¿Sabe? Yo esperaba encontrarme con un científico de tebeo, con barba blanca y larga. Pero ahora que nos conocemos, hay algo que no puedo encajar.
— ¿Qué es?
—Bueno, a su edad, venir a enterrarse en este sitio olvidado de Dios...
—No podemos construir el Pegasus en Long Island —apuntó Appleby— y éste es el sitio ideal para ello.
—Sí, claro, pero no es eso. Es... bueno, mire, yo vendo acero. Usted quiere aleaciones especiales para una nave espacial; yo se las vendo. Pero por eso mismo, ahora que el negocio ya no tiene nada que ver con esto, ¿por qué quiere usted hacerlo? ¿Por qué intentar ir a la Próxima de Centauro o a cualquier otra estrella?
Appleby pareció divertido.
—Eso no puede explicarse. ¿Por qué los hombres intentan escalar el Everest? ¿Qué se le perdió a Peary en el polo norte? ¿Por qué Colón consiguió que la reina Isabel empeñara sus joyas? Nadie ha estado jamás en la Próxima de Centauro... de modo que nosotros vamos a ir.
Barnes se volvió a Nolan.
— ¿Tú lo entiendes, Fred?
Nolan se encogió de hombros.
—Yo vendo instrumentos de precisión. Algunas personas plantan crisantemos; otras construyen naves espaciales. Yo vendo instrumentos.
La amable cara de Barnes pareció no comprender.
--Bien... —El camarero trajo las bebidas—. Eh, Pete, dime una cosa. ¿Te largarías en la expedición Pegasus si pudieras?
—Ni hablar.
— ¿Por qué no?
__Me gusta estar aquí.
El Dr. Appleby asintió.
--Esa es su respuesta, Barnes, al revés. Unos tienen el espíritu de Colón y otros no.
—Está muy bien todo eso de Colón —insistió Barnes—, pero Colón esperaba y deseaba regresar. Ustedes no. Sesenta años... usted me dijo que les llevaría sesenta años. Vaya, tal vez ni siquiera llegue vivo allí.
—Tal vez nosotros no pero sí nuestros hijos. Y nuestros nietos podrán regresar.
—Pero... Oiga, ¿está usted casado?
—Por supuesto que sí. La expedición está compuesta sólo por familias. Es una tarea para dos o tres generaciones. —Sacó una cartera de bolsillo—. Esta es la señora Appleby, con Diana. Diana tiene tres años y medio.
—Es una chica muy mona —dijo Barnes sobriamente pasándole la foto a Nolan, que sonrió y se la devolvió a Appleby—. ¿Qué pasará con ella? —prosiguió Barnes.
—Irá con nosotros, naturalmente. No querrá usted que la meta en un orfanato, ¿verdad?
—No, pero... —Barnes apuró el resto de su bebida—. No lo entiendo —admitió—. ¿Quién toma otro trago?
—Yo no, gracias —declinó Appleby, acabándose el suyo y poniéndose en pie—. Tengo que irme a casa. La familia, ya sabe —sonrió.
Barnes no hizo nada por detenerlo. Le dio las buenas noches y le contempló mientras se iba.
—Mi ronda —dijo Nolan—. ¿Lo mismo?
— ¿Eh? Sí, claro. —Barnes se levantó—. Vayamos a la barra, Fred. Allí podremos beber decentemente. Necesito lo menos seis.
—De acuerdo —aceptó Nolan, levantándose—. ¿Cuál es su problema?
— ¿Problema? ¿No viste la foto?
— ¿Y?
— ¿Y? ¿No sentiste nada? Yo también soy un vendedor, Fred, Vende acero. No me importa lo que los clientes quieran hacer con él. Se lo vendo y se acabó. Vendería a cualquiera una cuerda para ahorcarse con ella. Pero me gustan los críos. No puedo quedarme igual al pensar que esa monada de criatura va a ir en esa... ¡esa expedición de chiflados!
— ¿Por qué no? Lo mejor es que esté con sus padres Se aficionará a las planchas de acero lo mismo que los demás críos se aficionan a estar en las aceras.
—Escucha, Fred. ¿No se te ha ocurrido ninguna idea de cómo lo harán?
—Creo que pueden.
—Pues yo te digo que no. No tienen ninguna probabilidad. Lo sé. Hablé al respecto con nuestro personal técnico antes de abandonar la casa central. Nueve probabilidades sobre diez de que se achicharren en el despegue. Y eso es lo mejor que puede ocurrirles. Si consiguen salir del sistema solar, lo que no es probable, nunca podrán conseguirlo. Jamás alcanzarán las estrellas.
Pete colocó otro vaso lleno delante de Barnes. Este se lo echó al coleto y dijo:
—Ponme otro, Pete. No pueden. Es teóricamente imposible. Se congelarán, se achicharrarán, o se morirán de hambre. Pero no lo conseguirán nunca.
—Quizá sí.
—No hay quizás que valgan. Están locos. Date prisa con ese trago, Pete. Tómate uno a mi cuenta.
—Voy. Gracias, es igual.
Pete preparó el cóctel, cogió una jarra con cerveza y los combinó.
—Aquí Pete es un tipo sabio —dijo Barnes confidencialmente—. A él no le toman el pelo con esos viajes a las estrellas. Colón... ¡Puf! Colón fue un cretino. Debería haberse quedado en la cama.
El camarero negó con la cabeza.
—Usted me confunde, Mr, Barnes. Si no hubiera sido por hombres como Colón, nosotros no estaríamos aquí hoy... ahora. No tengo exactamente espíritu de explorador. Pero tengo fe. La expedición Pegasus no me parece descabellada.
— ¿No te indigna el saber que irán niños?
—Bueno... también había niños en el Mayflower, según
--No es lo mismo —Barnes miró a Nolan y luego al camarero--, Si el Señor deseara que fuéramos a las estrellas nos habría equipado con propulsión a chorro. Ponme otro, Pete.
--Ya ha bebido lo suyo, Mr. Barnes.
El atribulado gordo estuvo a punto de replicar, pero se lo pensó mejor.
—Me voy a la Sky Room a ver si encuentro pareja para bailar —anunció—. Buenas noches.
Se dirigió hacia el ascensor tambaleándose ligeramente.
Nolan contempló su salida.
--Pobre Barnes —dijo, encogiéndose de hombros—. Creo que somos poco cariñosos con él, Pete.
--No. Yo creo en el progreso, eso es todo. Recuerdo que mi viejo deseaba que la ley prohibiera las máquinas voladoras para que no rompieran a nadie el cuello. Proclamaba que nadie volaría jamás y que el gobierno debería tomar cartas en el asunto. Se equivocó. Yo no tengo espíritu de aventurero, pero hay gente que sí y creo que llegarán a alguna parte. Así es como se hace el progreso.
—No pareces tan viejo como para recordar que antes la gente no podía volar,
—He recorrido mundo mucho tiempo. Aquí sólo llevo diez años.
—Diez años, ¿eh? ¿Y nunca sentiste ganas de conseguir un empleo que te permitiera respirar un poco de aire fresco?
—No. Ni ahora ni cuando servía bebidas en la calle Cuarenta y dos respiraba ningún aire fresco. Pero me gusta estar aquí porque siempre ocurre algo nuevo; primero los laboratorios atómicos, luego el gran observatorio y ahora la nave espacial. Aunque no sea ésta la verdadera razón de mi prolongada permanencia. Me gusta estar aquí. Esta es mi casa. Observe esto.
Cogió un inhalador de brandy, un gran globo de frágil cristal, lo sopesó y lo lanzó hacia lo alto, hacia el techo. Se elevó suave y grácilmente, deteniéndose durante un fugaz momento en la cúspide de su ascenso, para caer luego con ligereza, con mucha ligereza, como un buzo en una película en ralenti. Pete lo contempló caer frente a su nariz y luego lo cogió con el pulgar y el índice, lo acarició por la parte del cañón y lo devolvió al estante
— ¿Lo ve? —dijo—. Un sexto de gravedad. Cuando atendía el bar allá en la Tierra, mis juanetes me fastidiaban todo el tiempo. Aquí peso tan sólo treinta y cinco libras. Me gusta estar en la Luna.

Lee el artículo completo!

viernes, 21 de setiembre de 2007

Felicidades!

Qué se festeja hoy?
No, no es el comienzo de la primavera! Para el equinoccio faltan dos días, ya que este año se producirá el día 23. Así que no te alborotes con la primavera, porque es alboroto al pedo...

Hoy se conmemora algo infinitamente mejor!
En un día como hoy, pero de 1937, se publicaba El Hobbit, de J.R.R. Tolkien. Y con él, se marcaba la entrada de millones de personas a las maravillas de la Tierra Media, su historia, sus lenguas, sus razas y un vasto etcétera tan grande como un universo puede serlo.

Tiene la particularidad de que en un principio Tolkien lo ideó como un libro para niños, y así comienza. Pero luego, y sobre la marcha, se dio cuenta de que la historia era mucho más seria de lo que había pensado originalmente, por lo que puede observarse cómo las cosas y el tenor del libro se va poniendo más serio.

En el almacén para descarga directa, espero que lo disfrutes.

Fuente: Wired Lee el artículo completo!

jueves, 30 de agosto de 2007

Stephen Hawking


Stephen Hawking es uno de los más eminentes físicos teóricos contemporáneos. Aunque no sepas un corno de física teórica (como quien suscribe estas líneas), lo debés tener que haber visto en algún momento. Está cuadripléjico en una silla de ruedas, con más chirimbolos que Darth Vader adosados a ella, pero con una mente fabulosa.

Hace unos años escribió algunos libros para la gilada (nosotros), de manera que podamos acercarnos sin demasiados problemas a su fascinante mundo: nuestro universo.

A continuación dejo un pequeño muestrario de los temas que se tratan en dos libros de su autoría que he leído:

La Historia del Tiempo (para descarga en el almacén)
Espacio y Tiempo.
El Principio de Incertidumbre.
Agujeros Negros.
Agujeros de gusano.
El origen y el destino del universo.

Publicado en 1988.
ISBN: 055305340X (de la edición original)


El Universo en una cáscara de nuez (para descarga en el almacén)
Este libro es una especie de continuación del anterior. Vuelve a explorar en algunos conceptos y trata otros nuevos tales como la Teoría de la Relatividad, la Teoría Cuántica y los universos múltiples.

Publicado en español en 2002
ISBN: 84-8432-293-9 (de la edición en español)


No puedo hacer un resumen de los libros, ya que no poseo la capacidad ni los conocimientos para sintetizar un libro de física... aunque sea para la gilada. Sí puedo decirte que están muy divertidos de leer y que abren bastante la cabeza, explorando y explicando conceptos que muchas veces asociamos con la metafísica. Lo recomiendo para aquellos espíritus inquietos que siempre tienen hambre de saber, de conocer.

Los libros que dejo en el almacén están en formato PDF y DOC respectivamente, y contiene (el primero) ilustraciones y diagramas explicativos. Dejo los números de ISBN por si tenés interés en comprarlos. Sí, en serio. Son de muy buena calidad, con una linda encuadernación en tapa dura, y los gráficos están buenos. Valen la pena, y no son inaccesibles. Lee el artículo completo!

martes, 28 de agosto de 2007

Erich Maria Remarque: Sin Novedad En El Frente

Erich Maria Remarque escribió varios libros. De ellos sólo he leído esta novela, gracias a que se menciona en otro libro, escrito por Sven Hassel, uno de mis escritores favoritos en mi adolescencia.
Está ambientada en la Primera Guerra Mundial, y es está narrada por un jóven combatiente que se enroló para defender a su patria, lleno de ideales. En sus páginas se plasman sus peripecias, sufrimientos y la muerte de los ideales. Se descubre la crudeza, la muerte y la locura.

Paradójicamente, a pesar de ser una novela antibelicista, condenada y prohibida por el nazismo, se dice que empujó a muchos jóvenes a ingresar al ejército. El motivo? Se describe la camaradería, la solidaridad y la confianza mutua entre un grupo de soldados, cosa muy difícil de encontrar en medio de la desesperación y el aislamiento imperante en la crisis surgida del crack de la bolsa de 1929 y la Gran Depresión.

Queda en el almacén para descarga directa. Lee el artículo completo!

lunes, 20 de agosto de 2007

La Sombra del Águila

No consumo mucha literatura hispanoamericana. Nunca lo hice, y no sé bien por qué. Tal vez sea la temática que se trata en general, o ese estilo tan teñido de melancolía que acompaña los textos. No sé. Tal vez se deba a que no he encontrado demasiados héroes o grandes historias épicas, de esas en que uno puede perderse completamente. Tampoco es que importe demasiado.

El tema es que dentro de los autores hispanoamericanos que más consumo, está Arturo Pérez Reverte, un autor que tiene tanto defensores a ultranza como feroces detractores.

Hoy voy a dejarte uno de sus libros, cuyo título da nombre a este artículo. Ambientado en la campaña napoleónica de Rusia de 1812, narra las peripecias de un regimiento de prisioneros españoles enrolados en el ejército francés. Es una novela corta, llena de un humor muy particular que la hace altamente disfrutable de principio a fin.

Sin más que agregar, la dejo en el almacén.
Que la disfrutes. Lee el artículo completo!

miércoles, 8 de agosto de 2007

La Historia es hecha por la gente estúpida

A la mañana, mientras desayunaba, me puse a hacer zapping. En un momento dado veo a Adam Sandler diciendo "Soy estúpido". Aparentemente era el final de una especie de documental, en donde se decía que al aceptar la propia estupidez se estaba más cerca de la sabiduría.
No fue eso lo que me llamó la atención; si tuviera la guita que tiene Sandler, tampoco me importaría salir en cine diciendo eso. Lo que me llamó la atención fue la divertida canción que cerraba la presentación. El video que sigue a continuación es, ciertamente, muy cuestionable, a pesar de que hay momentos en que roba una sonrisa. De todos modos, lo que importa es la musiquilla y la letra de la canción. Debajo va la traducción.



Arrogant Worms - History Is Made By Stupid People

Scott became famous for freezing to death in Antartica.
Columbus made history thinking some island was India.
General Custer's a national hero for not knowing when to run.
All these men are famous, and they're also very dumb.

History is made by stupid people.
Clever people wouldn't even try.
If you wanna place in the history books,
Then do something dumb before you die.

Nobility are famous for no reason.
Marie Antoinette enjoyed her cake.
She cause a Revolution when she would not share.
And her husband lost his head for that mistake.

The Hindenberg was a giant zeppelin.
Her makers made a minor oversight.
Before they filled it up with explosive gas
They should have fixed the no smoking light.

Cuzzz!
History is made by stupid people.
Clever people wouldn't even try.
If you wanna place in the history books,
Then do something dumb before you die.

Tally-Ho! Tally-Ho!
Our king and country's honor we will save.
Tally-Ho! Tally-Ho!
We're marching into history and the grave.

So, if your son or daughter seem too lazy,
Sitting there watching M.T.V.
Just remember you should be quite grateful
At least they're not making history.

Ahhh!
History is made by stupid people.
clever people wouldn't even try.
If you wanna place in the history books,
Then do something dumb before you die.
Do something dumb before you die
Do something dumb before you die!!!!!

Arrogant Worms - La Historia Es Hecha Por Gente Estúpida

Scott se hizo famoso por congelarse hasta la muerta en la Atártida.
Colón hizo historia por pensar que una isla cualquiera era India.
El General Custer es un héroe nacional por no saber cuándo correr.
Todos esos hombres son famosos, y también son muy tontos.

La Historia es hecha por gente estúpidia.
Los inteligentes ni siquiera lo intentarían.
Si tu quieres tener un lugar en los libros de historia,
Entonces haz algo tonto antes de morir.

La nobleza es famosa por ninguna razón.
María Antonieta disfrutó su torta.
Causó una Revolución cuando no quiso compartir.
Y su marido perdió la cabeza por ese error.

El Hindemburg fue un zeppelin gigante.
Sus constructores tuvieron un pequeño desliz.
Antes de llenarlo con un gas explosivo
Tendrían que haber arreglado la luz de no fumar.

Porque!
La Historia es hecha por gente estúpida.
Los inteligentes ni siquiera lo intentarían.
Si tu quieres tener un lugar en los libros de historia,
Entonces haz algo tonto antes de morir.

Tally-Ho! Tally-Ho!
A nuestro rey y honor nacional salvaremos.
Tally-Ho! Tally-Ho!
Vamos marchando a la historia y a la tumba.

Así que, si ves que tu hijo o hija parecen vagos
Sentados ahí mirando la MTV
Sólo recuerda que deberías estar muy agradecido
De que al menos no están haciendo historia.

Ahhh!
La Historia es hecha por gente estúpida.
Los inteligentes ni siquiera lo intentarían.
Si tu quieres tener un lugar en los libros de historia,
Entonces haz algo tonto antes de morir.
Haz algo tonto antes de morir
Haz algo tonto antes de morir!!!
Lee el artículo completo!

miércoles, 1 de agosto de 2007

Albert Camus: La Peste

Hace unos meses, durante un intercambio de comentarios en el blog de Rodia, éste me aconsejó que volviera a leer La Peste, de Camús.
Lo compré por impulso, hace bastantes años, y al leerlo por primera vez, me aburrió un poco. En ese entonces pensé que era lindo, pero hasta ahí nomás. Así que casi una década después, ya con otra óptica, otras vivencias, y una nueva perspectiva, volví a darle una oportunidad.
Fue maravilloso.

Años 40. Una ciudad (prefectura) francesa en la costa argelina, chata, gris, normal.
Se pintan algunos personajes y un par de situaciones, hasta que se desemboca en la peste, y ahí comienza realmente la novela, contando ilustrando situaciones, escenarios, sentimientos. Porque más que contarse, se dibujan. El autor casi nos lleva de la mano a través de las miserias, de los dolores, de los olores y los colores. Hace gala de una dulzura que he visto pocas veces. Digo dulzura, aunque no estoy seguro de que sea esa la palabra más adecuada. Es un relato que no se achata. Es gentil, a pesar de que ilustra la tragedia, el horror, el aislamiento. Es lento (sin ser nunca aburrido) y reflexivo. Como si el autor hubiera dedicado mucho tiempo a él, pesando cada palabra, evaluándola.

Muy bueno, la verdad.

Dejo el libro en el almacén, y a continuación transcribo algunos pasajes que me llamaron especialmente la atención, por si te pica la curiosidad y tenés el tiempo. Es una selección un poco larga, pero creo que merece la pena.


La palabra "peste" acababa de ser pronunciada por primera vez. En este punto de la narración que deja a Bernard Rieux detrás de una ventana se permitirá al narrador que justifique la incertidumbre y la sorpresa del doctor puesto que, con pequeños matices, su reacción fue la misma que la de la mayor parte de nuestros conciudadanos. Las plagas, en efecto, son una cosa común pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas. El doctor Rieux estaba desprevenido como lo estaban nuestros ciudadanos y por esto hay que comprender sus dudas. Por esto hay que comprender también que se callara, indeciso entre la inquietud y la confianza. Cuando estalla una guerra las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido." Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones.
...
El sufrimiento profundo que experimentaban era el de todos los prisioneros y el de todos los exiliados, el sufrimiento de vivir con un recuerdo inútil. Ese pasado mismo en el que pensaban continuamente sólo tenía el sabor de la nostalgia. Hubieran querido poder añadirle todo lo que sentían no haber hecho cuando podían hacerlo, con aquel o aquellas que esperaban, e igualmente mezclaban a todas las circunstancias relativamente dichosas de sus vidas de prisioneros la imagen del ausente, no pudiendo satisfacerse con lo que en la realidad vivían. Impacientados por el presente, enemigos del pasado y privados del porvenir, éramos semejantes a aquellos que la justicia o el odio de los hombres tienen entre rejas. Al fin, el único medio de escapar a este insoportable vagar, era hacer marchar los trenes con la imaginación y llenar las horas con las vibraciones de un timbre que, sin embargo, permanecía obstinadamente silencioso.
Pero si esto era el exilio, para la mayoría era el exilio en su casa. Y aunque el cronista no haya conocido el exilio más que como todo el mundo, no debe olvidar a aquellos, como el periodista Rambert y otros, para los cuales las penas de la separación se agrandaban por el hecho de que habiendo sido sorprendidos por la peste en medio de su viaje, se encontraban alejados del ser que querían y de su país.
En medio del exilio general, estos eran lo más exiliados, pues si el tiempo suscitaba en ellos, como en todos los demás, la angustia que es la propia, sufrían también la presión del espacio y se estrellaban continuamente contra las paredes que aislaban aquel refugio apestado de su patria perdida. A cualquier hora del día se los podía ver errando por la ciudad polvorienta, evocando en silencio las noches que sólo ellos conocían y las mañanas de su país. Alimentaban entonces su mal con signos imponderables, con mensajes desconcertantes: un vuelo de golondrinas, el rosa del atardecer, o esos rayos caprichosos que el sol abandona a veces en las calles desiertas. El mundo exterior que siempre puede salvarnos de todo, no querían verlo, cerraban los ojos sobre él obcecados en acariciar sus quimeras y en perseguir con todas sus fuerzas las imágenes de una tierra donde una luz determinada, dos o tres colinas, el árbol favorito y el rostro de algunas mujeres componían un clima para ellos irreemplazable.
Por ocuparnos, en fin, de los amantes, que son los que más interesan y ante los que el cronista está mejor situado para hablar, los amantes se atormentaban todavía con otras angustias entre las cuales hay que señalar el remordimiento. Esta situación les permitía considerar sus sentimientos con una especie de febril objetividad, y en esas ocasiones casi siempre veían claramente sus propias fallas. El primer motivo era la dificultad que encontraban para recordar los rasgos y gestos del ausente. Lamentaban entonces la ignorancia en que estaban de su modo de emplear el tiempo; se acusaban de la frivolidad con que habían descuidado el informarse de ello y no haber comprendido que para el que ama, el modo de emplear el tiempo del amado es manantial de todas sus alegrías.
...
Uno se cansa de la piedad cuando la piedad es inútil.
...
...cada día pasado acercaba a cada hombre, siempre que no muriese, al fin de sus sufrimientos.
...
A Tarrou, que parecía asombrarse de su enclaustramiento, le había explicado que, según la religión, la primera mitad de la vida de un hombre era una ascensión y la otra mitad un descenso; que en el descenso los días del hombre ya no le pertenecían, porque le podían ser arrebatados en cualquier momento, que por lo tanto no podía hacer nada con ellos y que lo mejor era, justamente, no hacer nada. La contradicción, por lo demás, no le asustaba, pues, en otra ocasión, le había dicho a Tarrou, poco más o menos, que seguramente Dios no existía porque, si existiese, los curas no serían necesarios.
...
...los cafés abren sus puertas con los mostradores llenos de letreros: 'No hay café.' 'Traed vuestro azúcar', etc.
...
Hacia las dos, la ciudad queda vacía: es el momento en que el silencio, el polvo, el sol y la peste se reúnen en la calle. A lo largo de las grandes casas grises, el calor escurre sin parar. Son largas horas de prisión que terminan en noches abrasadas que se desploman sobre la ciudad populosa y charladora.
...
el primer fresco trae un consuelo ya que no una esperanza. Todos salen a la calle, se aturden a fuerza de hablar, se pelean o se desean y bajo el cielo rojo de julio la ciudad, llena de parejas y de ruidos, deriva hacia la noche anhelante. Inútilmente, todas las tardes, en los bulevares, un viejo inspirado, con chambergo y chalina, atraviesa la multitud repitiendo sin parar: 'Dios es grande, venid a Él.' Todos se precipitan, por el contrario, hacia algo que conocen mal o que les parece más urgente que Dios. Al principio, cuando creían que era una enfermedad como las otras, la religión ocupaba su lugar. Pero cuando han visto que era cosa seria se han acordado del placer. Toda la angustia que se refleja durante el día en los rostros, se resuelve después, en el crepúsculo ardiente y polvoriento, en una especie de excitación rabiosa, una libertad torpe que enfebrece a todo un pueblo.
"Y yo también, igual que ellos. Pero ¡qué importa!, la muerte no es nada para los hombres como yo. Es un acontecimiento que les da la razón."
...
¿Sabe usted que hay gentes que se niegan a morir? ¿Ha oído usted gritar: "¡Jamás!" a una mujer en el momento de morir?
...
¿No es cierto, puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, que acaso es mejor para Dios que no crea uno en él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte, sin levantar los ojos al cielo donde Él está callado?
...
El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. Los hombres son más bien buenos que malos, y, a decir verdad, no es esta la cuestión. Sólo que ignoran, más o menos, y a esto se le llama virtud o vicio, ya que el vicio más desesperado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo y se autoriza entonces a matar. El alma del que mata es ciega y no hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible.
...
Al convertirse la peste en el deber de unos cuantos se la llegó a ver realmente como lo que era, esto es, cosa de todos.
Esto está bien; pero nadie felicita a un maestro por enseñar que dos y dos son cuatro. Se le felicita, acaso, por haber elegido tan bella profesión. Digamos, pues, que era loable que Tarrou y otros se hubieran decidido a demostrar que dos y dos son cuatro, en vez de lo contrario, pero digamos también que esta buena voluntad les era común con el maestro, con todos los que tienen un corazón semejante al del maestro y que para honor del hombre son más numerosos de lo que se cree; tal es, al menos, la convicción del cronista. Éste se da muy bien cuenta, por otra parte, de la objeción que pueden hacerle: esos hombres arriesgan la vida. Pero hay siempre un momento en la historia en el que quien se atreve a decir que dos y dos son cuatro está condenado a muerte. Bien lo sabe el maestro. Y la cuestión no es saber cuál será el castigo o la recompensa que aguarda a ese razonamiento. La cuestión es saber si dos y dos son o no cuatro. Aquellos de nuestros conciudadanos que arriesgaban entonces sus vidas, tenían que decidir si estaban o no en la peste y si había o no que luchar contra ella.
Muchos nuevos moralistas en nuestra ciudad iban diciendo que nada servía de nada y que había que ponerse de rodillas. Tarrou y Rieux y sus amigos podían responder esto o lo otro, pero la conclusión era siempre lo que ya se sabía: hay que luchar de tal o tal modo y no ponerse de rodillas. Toda la cuestión estaba en impedir que el mayor número posible de hombres muriese y conociese la separación definitiva. Para esto no había más que un solo medio: combatir la peste. Esta verdad no era admirable: era sólo consecuente.
...
No se puede esperar nada de las oficinas. No están hechas para comprender.
...
-Sabe usted, doctor -le dijo-, he pensado mucho en su organización. Si no estoy ya con ustedes, es porque tengo mis motivos. Por lo demás yo creo que sirvo para algo: hice la guerra de España.
-¿De qué lado?
-Del lado de los vencidos. Pero después he reflexionado.
-¿Sobre qué? -dijo Tarrou.
-Sobre el valor. Bien sé que el hombre es capaz de acciones grandes, pero si no es capaz de un gran sentimiento no me interesa.
-Parece ser que es capaz de todo.
-No, es incapaz de sufrir o de ser feliz largo tiempo. Por lo tanto no es capaz de nada que valga la pena.
Rambert miró a los dos.
-Dígame, Tarrou, ¿usted es capaz de morir por un amor?
-No sé, pero me parece que no, por el momento.
-Ya lo ve. Y es usted capaz de morir por una idea, esto está claro. Bueno: estoy harto de la gente que muere por una idea. Yo no creo en el heroísmo: sé que eso es muy fácil, y he llegado a convencerme de que en el fondo es criminal. Lo que me interesa es que uno viva y muera por lo que ama.
Rieux había escuchado a Rambert con atención. Sin dejar de mirarle, le dijo con dulzura:
-El hombre no es una idea, Rambert.
Rambert saltó de la cama con la cara ardiendo de pasión.
-Es una idea y una idea pequeña, a partir del momento en que se desvía del amor, y justamente ya nadie es capaz de amor. Resignémonos, doctor. Esperemos llegar a serlo y si verdaderamente esto no es posible, esperaremos la liberación general sin hacernos los héroes. Yo no paso de ahí.
...
Desde el punto de vista superior de la peste, todo el mundo, desde el director hasta el último detenido, estaba condenado y, acaso por primera vez, reinaba en la cárcel una justicia absoluta.
...
...el cronista sabe perfectamente lo lamentable que es no poder relatar aquí nada que sea realmente espectacular, como por ejemplo algún héroe reconfortante o alguna acción deslumbrante, parecidos a los que se encuentran en las narraciones antiguas. Y es que nada es menos espectacular que una peste, y por su duración misma las grandes desgracias son monótonas. En el recuerdo de los que los han vivido, los días terribles de la peste no aparecen como una gran hoguera interminable y cruenta, sino más bien como un ininterrumpido pisoteo que aplasta todo a su paso.
...
No, no era su socorro lo que distribuía a lo largo del día, eran meros informes. A eso no se le podía llamar un oficio de hombre. Pero, después de todo, ¿a quién entre toda esa muchedumbre aterrorizada se le dejaba la facultad de ejercer un oficio de hombre? A decir verdad, era una suerte que existiese el cansancio. Si Rieux hubiera estado más entero, este olor de muerte difundido por todas partes hubiera podido volverle sentimental. Pero cuando no se ha dormido más que cuatro horas no se es sentimental. Se ven las cosas como son, es decir, que se las ve según la justicia, según la odiosa e irrisoria justicia. Y los otros, los desahuciados, lo sabían perfectamente, ellos también. Antes de la peste lo recibían siempre como a un salvador. Él podía arreglarlo todo con tres píldoras y una jeringa y le apretaban el brazo al acompañarlo por los pasillos. Era halagador pero peligroso. Ahora, por el contrario, se presentaba con una escolta de soldados y había que empezar a culatazos con la puerta para que la familia se decidiese a abrir. Ahora querrían arrastrarlo y arrastrar con ellos a la humanidad entera hacia la muerte.
...
En su cara hundida, convertida ya en una arcilla gris, la boca se abrió de pronto, dejando escapar un solo grito sostenido que la respiración apenas alteraba y que llenó la sala con una protesta monótona, discorde y tan poco humana que parecía venir de todos los hombres a la vez. Rieux apretó los dientes y Tarrou se volvió para otro lado. Rambert se acercó a la cama junto a Castel, que cerró el libro que había quedado abierto sobre sus rodillas. Paneloux miró esa boca infantil ultrajada por la enfermedad y llena de aquel grito de todas las edades. Se dejó caer de rodillas y a todo el mundo le pareció natural oírle decir con voz ahogada pero clara a través del lamento anónimo que no cesaba: "Dios mío, salva a esta criatura."


Creo que es más que suficiente. Hay más, mucho más, pero creo que si llegaste a leer esta última frase, lo mejor sería que leyeras el libro completo. Me animo a decir, que no vas a arrepentirte.
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Pertinacia

Cuando estalla una guerra las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido." Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure.

La estupidez insiste siempre...

Albert Camús - La Peste
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El meollo del problema

Sí, ya sé, soy un pesado. Pero es que me resulta tan difícil no colgar esto...


El problema más importante, o uno de los problemas más importantes, porque hay varios; es decir, uno de los muchos problemas más importantes de la clase dirigente consiste en encontrar a la persona que realice tareas de gobierno; o mejor dicho, a quién va a encargarse de encontrar a gente que se encargue de realizarlas para ellos.

Resumamos: es un hecho bien conocido que las personas que más deseos tienen de gobernar a la gente son, ipso facto, las menos adecuadas para ello.

Abreviemos el resumen: a cualquiera que sea capaz de nombrarse Presidente a sí mismo, no debería permitírsele en modo alguno realizar dicha tarea.

Abreviemos el resumen del resumen: la gente es un problema.

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martes, 31 de julio de 2007

Douglas Adams 2

Bueno, a esta altura de los acontecimientos, y si mirás las últimas tres entradas en la ermita, deberías tener una idea aproximada del libro que estoy leyendo en estos momentos.

Punto! Muy bien! Brillante deducción, my dear Watson!. Efectivamente, estoy leyendo El Restaurante Del Fin Del Mundo, la segunda parte de la trilogía de Douglas Adams.
Al igual que el primer libro, este también es un delirio. Así que en lugar de seguir castigándote con pequeños extractos, te dejo el libro propiamente dicho, con la esperanza de que te resulte tan disfrutable como a mí.

Esto no deja de ser un gran servicio a la población mundial. Viene a paliar un poco el síndrome de abstinencia provocado por el final de Harry Potter. Sí, ya sé que no tienen absolutamente nada que ver uno con otro, pero no está mal.

En serio. Lee el artículo completo!

El Universo: algunas informaciones para ayudarle a vivir en él.

1 Zona: Infinito.
La Guía del autoestopista galáctico da la siguiente definición de la palabra «infinito».

Infinito: Mayor que la cosa más grande que haya existido nunca, y más. Mucho mayor que eso, en realidad; verdadera y asombrosamente enorme, de un tamaño absolutamente pasmoso, algo para decir: «vaya, qué cosa tan inmensa». El infinito es simplemente tan grande, que en comparación la grandeza misma resulta una nadería. Lo que tratamos de exponer es una especie de concepto que resultaría de lo gigantesco multiplicado por lo colosal multiplicado por lo asombrosamente enorme.

2 Importaciones: Ninguna
Es imposible importar cosas a una zona infinita, al no haber un exterior del que importarlas.

3 Exportaciones: Ninguna.
Véase Importaciones.

4 Población: Ninguna.
Es sabido que existe un número infinito de mundos, sencillamente porque hay una cantidad infinita de espacio para que todos se asienten en él. Sin embargo, no todos están habitados. Por tanto, debe haber un número finito de mundos habitados. Un número finito dividido por infinito se aproxima lo suficiente a la nada para que no haya diferencia, de manera que puede afirmarse que la población media de todos los planetas del Universo es cero. De ello se desprende que la población media de todo el Universo también es cero, y que todas las personas con que uno pueda encontrarse de vez en cuando no son más que el producto de una imaginación trastornada.

5 Unidades monetarias: Ninguna.
En realidad, en la Galaxia hay tres monedas de libre cambio, pero ninguna cuenta. El dólar altairiano se ha desmoronado hace poco, la bolita pobble llainiana sólo se puede cambiar por otras bolitas pobbles llainianas, y el pu trigánico tiene sus propios problemas muy particulares. Su tasa de cambio, ocho ningis por un pu, es bastante simple, pero como un ningi es una moneda
triangular de goma, de diez mil cuatrocientos kilómetros por cada lado, nunca ha tenido nadie suficiente para poseer un pu. El ningi no es una moneda negociable porque los galactibancos se niegan a tratar con un cambio insignificante. A partir de esta premisa fundamental es muy sencillo demostrar que los galactibancos también son producto de una imaginación trastornada.

6 Arte: Ninguno
La función del arte es servir de espejo a la naturaleza, y no existe un espejo lo suficientemente grande: véase el punto uno.

7 Sexualidad: Ninguna.
Bueno, en realidad hay muchísima, sobre todo debido a la total ausencia de dinero, de comercio, de bancos, de arte y de cualquier otra cosa que mantenga ocupada a toda la población inexistente del Universo. Sin embargo, no vale la pena emprender ahora una larga discusión sobre ello, porque es algo verdaderamente muy complicado. Para más información véanse los capítulos siete, nueve, diez, once, catorce, dieciséis, diecisiete, diecinueve, veintiuno a ochenta y cuatro inclusive, y la mayor parte del resto de la Guía.

Douglas Adams - El Restaurante Del Fin Del Mundo
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Llamando la atención

¿Cómo sabes que te estás divirtiendo si no hay nadie que vea lo bien que te lo pasas?

Zaphod Beeblebrox
El Restaurante del Fin del Mundo, de Douglas Adams
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Nueva gramática

...el término «Futuro Perfecto» se abandonó desde que se descubrió que no lo era.

Douglas Adams - El Restaurante del Fin del Mundo
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lunes, 16 de julio de 2007

Bradbury y la guerra

"Timothy miró el profundo océano del cielo, como si su mirada quisiera llegar a la Tierra en llamas; a las ciudades en ruinas y a los hombres que se mataban unos a otros desde hacía tantos años. Pero no vio nada. La guerra era algo tan lejano como el duelo a muerte de dos moscas balo la nave de una enorme catedral silenciosa, e igualmente absurda.

"—Qué miras, papa?
—Estoy buscando lógica terrestre, sentido común, gobierno honesto, paz y responsabilidad.
—Todas esas cosas están allá arriba?
—No. No las he encontrado. Ya no existen allá. Y ya nunca volverán a existir. Quizá nunca existieron.

"Papá miró el pez y dijo con voz grave y serena:
—Es como la guerra. La guerra sigue su camino, ve un poco de comida, y se contrae. Un momento después... ya no hay Tierra.

"La vida en la tierra nunca fue nada bueno. La ciencia progresó rápidamente y nos dejó atrás, y la gente se extravió en una maraña mecánica, dedicándose como niños a cosas bonitas: artefactos, helicópteros, cohetes; dando importancia a lo que no tenía importancia, fijándose en las máquinas más que en el modo de dominar las máquinas. Las guerras crecieron y crecieron y finalmente acabaron con la Tierra.

"Timothy no encontraba la Tierra en el cielo. Se había puesto. Era algo que hacía pensar.

Ray Bradbury
Extractos de "Octubre de 2026 - El picnic de un millón de años"
Perteneciente a "Crónicas marcianas" (Para descarga directa en el almacén).
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miércoles, 20 de junio de 2007

Douglas Adams 1

Definir al autor de no es sencillo para mí. Tampoco me es fácil describir su obra: la Guía del Autoestopista Galáctico, y mucho menos sus secuelas (son otros 4 libros que conforman la trilogía en 5 partes).
Básicamente es el delirio más divertido con que me he encontrado. Tiene una forma de humor irónico, ácido en ocasiones y que esconde, o mejor dicho disimula, una profunda crítica a la sociedad que muchas veces es gritada sin disimulo. Pero en casi todas las ocasiones se hace desde el humor. Un humor que no he visto en casi ningún otro lado de la mano de ningún otro autor.
Así que nada más. En el almacén queda el primer libro de esta extravagante trilogía. Se lee tan fácil que vas a terminarlo sin darte cuenta casi. Lee el artículo completo!

jueves, 14 de junio de 2007

Una pequeña recompensa

Ayer y hoy han sido días prolíficos para el blog. No sé si la calidad estará acorde con la cantidad, pero es lo que ha salido.

El motivo es simple: al fin tengo mi PC en línea full time. Han pasado años, desde la última vez que se vio algo similar, y siempre, por una razón u otra, he andado a los saltos.

Vos, sufrid@ visitante de esta ermita no tenés la culpa por la avalancha de posts de este último par de días, y si has llegado hasta este punto, quiero brindarte, a modo de humildísima recompensa, un compendio de sabiduría universal. Algo invaluable que puede ser aplicado a la vida diaria. Un tratado sobre prudencia, humildad, y una cura contra la vanidad. Lo que no puede faltar en el bolsillo de la dama ni en la cartera del caballero.

Me ha costado un trabajo chino (nunca entendí esa expresión de la que sólo sé que se utiliza para hacer notar que algo ha sido muchísimamente mucho), pero a lo largo de los años he podido compilar este pequeño volumen. En gran parte lo encontré compaginado (en un formato extraño que ya ni recuerdo), y luego he ido haciendo algunos añadidos que no estaban presentes, para luego convertirlo en un documento que pueda ser leído en cualquier plataforma.

No, no es el Necronomicón. Es algo muchísimo más profundo.
No, tampoco es una Escritura. Es algo muchísimo más real.
No, tampoco es un libro de autoayuda y superación personal. Es algo muchísimo más últil.

Son las Leyes de Murphy.


En un primer momento pensé en irlas publicando por bloques, pero hubiera sido algo extremadamente mezquino e injusto. Así que te dejo la recopilación más completa que he podido ver. Espero que lo disfrutes y puedas apreciar este regalo en su justa medida. Sirva esto como mi modesto homenaje para vos, que te has chupado tus buenos garrones entre estas paredes.
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jueves, 7 de junio de 2007

Refutando

Bueno, a ver, decime qué tan cursi y soso te parece Neruda? Te dejo dos poemas del libro 20 poemas de amor y una canción desesperada. En el libro hay, cómo no, dolores, angustias, tristezas, pérdidas, oscuridades, como corresponde.

Pero no son, estos ejemplos, terriblemente sensuales? No te transmiten sensaciones e imágenes poderosas, plenas de significados? Te parece que pertenecen a un corazón prolijamente destrozado?


Poema 3

Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose,
lento juego de luces, campana solitaria,
crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca,
caracola terrestre, en ti la tierra canta!

En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye
como tú lo desees y hacia donde tú quieras.
Márcame mi camino en tu arco de esperanza
y soltaré en delirio mi bandada de flechas.

En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla
y tu silencio acosa mis horas perseguidas,
y eres tú con tus brazos de piedra transparente
donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida.

Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla
en el atardecer resonante y muriendo!
Así en horas profundas sobre los campos he visto
doblarse las espigas en la boca del viento.



Poema 14

Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.

A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte como eras entonces, cuando aún no existías.

De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.

Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo solo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.

Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.

Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.

Cuánto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.



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No hay ningún país de la tierra en el que el amor no haga poetas a los enamorados...

Voltaire - El Ingenuo, Cuentos y Novelas
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miércoles, 6 de junio de 2007

Después de un tiempo

Después de un tiempo uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad y uno empieza a aprender... que los besos no son contratos y los regalos no son promesas y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes...y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar que alguien le traiga flores.

Y uno aprende y aprende... y con cada día uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta que si estas al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes. Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba, ya no tiene ningún sentido. Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo.”


Jorge Luis Borges

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jueves, 10 de mayo de 2007

Fabricantes de risas

El humor es cosa seria.
No cualquiera puede hacer reír. Y menos todavía, son quienes pueden hacer reír sin utilizar el humor grotesco o burdo.
Los humoristas que se las ingenian para utilizar el humor de manera inteligente, sutil y elegante, son muy contados. Dentro de ese grupo destaca el quinteto de músicos y humoristas conocido como Les Luthiers.
Este post nace de una de sus piezas más conocidas, La Payada de la Vaca, que ha venido apareciendo en varias conversaciones mantenidas recientemente.
No tengo el audio (todavía), por lo que de momento, sólo dejo la letra. Espero que a pesar de eso, lo disfrutes.

Discos: Mastropiero que nunca (V)

(JM: Jorge Maronna; DR: Daniel Rabinovich)

JM: Dígame usted, compañero... ¿eh?
Dígame usted compañero...
dígame usted compañero
y conteste con prudencia
cual es la mansa presencia
que puebla nuestras praderas
y en melancólica espera
con abnegada paciencia
nos da alimento y abrigo
fingiendo indiferencia.

DR: No me asusta el acertijo...
no me asusta el acertijo
y ya mi mente barrunta
por donde viene la punta de la, de un, de esa, de la ... tan difícil historia
la destreza y la memoria
son buenas si van en yunta
no se ofende si le pido
me repita la pregunta.

JM: Nómbreme usted el animal
nómbreme usted el animal
que no es toro ni cebú

DR: ¡la vinchuca!

JM: que pa' ayudar la salud
y pa' que a usted le aproveche
le da la carne y la leche
en generosa actitud
tiene cola y cuatro patas
y cuando muge hace múu

DR: ¡ché!.. la vinchuca cuando muge hace ¡vinchú! ¡vinchú!

No me asusta el acertijo...
no me asusta el acertijo
porque a mí... no me asusta el acertijo no me asusta el acertijo
jamás me... ¡la vaca!

JM: Tiene que decirlo rimando, estrofa completa, ocho versos. Eso que acaba de decir es un mamarracho...

DR: Sí, sí... ¡calentito quedaste!

JM: Tiene que decirlo rimando también, si no no sirve. Que lo diga rimando. No puede ser, ¡esto es increíble!

DR: ¿Qué?

JM: ...que lo diga rimando

DR: Ya le rimo la respuesta...
ya le rimo la respuesta
que de la duda nos saca
el animal que usted dice tiene por nombre la vaca...

JM: Me extraña mucho, compadre
me extraña mucho, compadre
que sea tan ignorante
una payada brillante
octosílabos precisa
en el final finaliza
y empieza por delante
debe tener ocho versos
y ser de rima elegante.

DR: No me asusta el acertijo
le contesto en ocho versos
así su enojo se aplaca
el error que usted me achaca
no es error ni es para tanto
en octosílabos canto
con rima que se destaca
con elegancia lo digo
sin hacer tanta alharaca.

JM: y... ¿y el animal ?

DR: ¡ah! ¡la vaca!
¡La vaca!

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